Literatura

05/03/2017

POLVO DE ESTRELLAS

Jack Whale era geólogo y se dedicaba a investigar los campos de hielo azul en la Tierra de Dronning Maud, en la Antártida. Llevaba un año destinado en la base polar Scott-Amundsen, situada a 89º S, casi en pleno Polo Sur geográfico. Se trataba de una vieja estación científica construida por los norteamericanos en 1957 y cuya población se veía reducida, de alrededor de un centenar de personas en verano, a un pequeño grupo de 15 personas en invierno. Jack Whale era uno de ellos.
26/03/2017

vivireperamare

Las personas tenemos eco y nos vemos a través de cómo nos ven los demás. Y eso a veces puede ser algo maravilloso. Si hay alguien ahí … para ti ¡Buenos días!
08/07/2018

JACK BLACK
Memorias de un ladrón

Antes de los 20 ya había estado en el banquillo por robo con allanamiento. A los treinta era un miembro respetado de la hermandad de los “yeggs”*, un tipo de ladrón del que se sabe muy poco. Es silencioso, reservado, lleno de cautela, siempre viajando, siempre “trabajando” de noche. Rehúye la luces, no se aleja de los suyos casi nunca y jamás emerge a la superficie. Por ir a todos lados con su automática siempre lista, es el que manda en los bajos fondos Mientras hacía esta ruta tomé muy pocos vasos de vino, casi nunca vi sonreír a una mujer y muy pocas veces oí una canción. En esos 25 años viví todas esas cosas, y ahora voy a escribirlas. Y voy a escribirlas como las viví. Con un sonrisa.
13/07/2019

EL PERRO DE LORD BYRON

La tumba de Boatswain tiene tallado el poema Epitafio a un perro (también conocido como "Inscripción en el monumento a un perro de Terranova "), atribuido a Lord Byron. Sin duda, se trata del epitafio canino más famoso. Un poema lleno de sentimiento, en el que expresó el dolor y la añoranza que sentía por la perdida de su fiel amigo, pues en eso se había convertido para él tan admirable animal. No obstante, debido a que Byron escribió el poema, durante mucho tiempo se supuso que también fue el autor del epitafio en prosa propiamente dicho que aparece en la parte superior del panel de piedra. Al parecer este famoso epitafio en realidad no fue escrito por Byron sino por su amigo y condiscípulo John Cam Hobhouse (con quien había compartido la experiencia del “gran tour” en 1809, visitando primero Portugal y España, para embarcase a continuación en una larga travesía mediterránea hacia Malta, Turquía y Grecia), como pudieron comprobar los biógrafos del poeta al hallar una carta escrita por Hobhouse en 1830 explicando que Byron eligió usar su elocuente y sentida dedicatoria.