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SOCIO, MI PERRO

Soy un hombre de perros. Y como amante de estos animales, podría escribir largo y tendido sobre ellos. Cuando uno ha vivido con un perro durante años, a veces por única compañía, se llega a conocerlos íntimamente y, por tanto, a quererles sin más remedio.

 
S oy un hombre de perros. Y como amante de estos animales, podría escribir largo y tendido sobre ellos. Cuando uno ha vivido con un perro durante años, a veces por única compañía, se llega a conocerlos íntimamente y, por tanto, a quererles sin más remedio. Su naturaleza leal, noble, cariñosa, alegre y vital, de generosa y total entrega a quien adopta por “amo”, hace que los apreciemos necesariamente. De ahí que hayan formado parte del devenir del ser humano desde los albores de los tiempos, cuando siendo ambos criaturas salvajes se aliaron para sobrevivir, hasta llegar a convertirse, según el famoso dicho, en “el mejor amigo del hombre”, como son conocidos los perros en el mundo entero, aunque algunos pueblos los quieran tanto que incluso los incluyan en su dieta.

Por otra parte, si existen perros violentos y agresivos se debe a sus malos dueños, quienes los han convertido en malvados a base de aplicarles un trato cruel, que desquicia y vuelve loco al pobre animal. Es sabido que hasta los perros de presa, pese a su tendencia innata a la pelea, ante la que no se arredran, pues han sido seleccionados genéticamente para la lucha, como denota su propia constitución física, llena de fuerza y vigor, son esencialmente unos buenos compañeros, valientes hasta el sacrificio cuando se trata de defender a su familia y entorno, claro está que mientras nadie quiera convertirlos en unas fieras.

Por lo demás, según mi experiencia, cada perro posee su propia personalidad, pudiendo asegurar que algunos incluso tienen tanto o más carácter que mucha gente. Los hay nerviosos, tozudos y torpes, o listos, capaces y diligentes, igual que las personas, aunque la bondad o maldad del animal se halle en función directa, como decía, de la clase de ser humano que le acompaña y lo alimenta.

Confieso sin rubor que algunos de mis mejores amigos han sido perros. Los he querido y ellos me han devuelto con creces el cariño dado; estoy seguro de que me han demostrado más afecto y simpatía que la mayor parte de la gente que he conocido. Sin duda, para mí, uno de los mejores sentimientos que se pueden tener en esta vida, es la amistad de un perro fiel.


 

1 Comment

  1. Jesús dice:

    Tuve la enorme suerte de compartir tiempo con vuestro compañero Socio. Uno de los mejores perros que he conocido a lo largo de mi ya extensa y espero larga vida rodeado de perros, que igual que tú, ya forman parte de mi vida y que no podré prescindir de su compañía.
    Socio, era un perro tranquilo, muy tranquilo, calmado, pero a la vez seguía teniendo ese espíritu de perro vagabundo, independiente. Cosa que me encantaba. No era el típico perro faldón o pelusero.
    Me encantaba cuando me lo dejabas en casa y a pesar de las reticencias de Ana a dejarlo con mi perro Berni solos, la verdad es que se llevaban bien o por lo menos se respetaban. Socio pasaba de todo, un perro pasota, de vive y deja vivir. Pero a la vez, a veces sacaba su lado perruno y se ponían los dos a ladrar a los gatos del vecino.
    Gracias por dejarme compartir su vida también.
    Y a pesar de las dificultades que hubiera pasado antes de acogerlo en vuestra casa, la verdad es que tuvo o tuvisteis la fortuna de cruzaros en vuestros caminos.
    Lo dicho, Socio, un gran perro.

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