Salvo honrosas excepciones, que sin duda existen, la política parece atraer, como un imán, a los individuos más desaprensivos y deshonestos, aquellos que solamente ven en ella una oportunidad para medrar, enriquecerse y vanagloriarse de su importancia y poder. Precisamente los menos indicados para dirigir un país. Sin embargo, seguimos eligiendo a los peores candidatos posibles, y dejamos que tomen decisiones que afectan a nuestra vida diaria. De ahí que las medidas que adoptan resulten, una y otra vez, desastrosas para la mayoría de la población.