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LAS AVENTURAS DE JEREMIAH JOHNSON

El Oeste americano del siglo XIX es uno de los periodos más legendarios de la historia humana. Es un tiempo pasado que cautivó la imaginación de la gente desde sus inicios, ya en el siglo XIX, cuando su fama se extendió gracias a las novelas de diez centavos, diarios de viajeros, teatros y espectáculos del Salvaje Oeste, para deleite de un numeroso publico al que le gustaban los relatos de acción, repletos de aventuras, viajes y tiroteos. Pero es la imagen ofrecida por los grandes medios de masas, a través del western principalmente, un género cinematográfico típico del cine estadounidense, la que ha perdurado y se conoce actualmente en todo el mundo. Y ha sido esta visión ilusoria, falsa y estereotipada, fomentada por diversos intereses, la que ha terminado por imponerse como exponente de la cultura popular. Y el Oeste, gracias a la magia del cine sobre todo, más que una época concreta de la historia de la Humanidad, es ya un mito mundial, una leyenda alejada de la más mínima veracidad histórica. Esto es lo que conoce la inmensa mayoría de la gente. Los western han contribuido de forma decisiva a distorsionar la realidad del Oeste americano.

 
L as películas y novelas de vaqueros o del Oeste, como se conoce este género tan popular entre el gran publico español, sitúan su acción en un determinado contexto histórico: la exploración y conquista del territorio occidental de los Estados Unidos durante el siglo XIX. Están ambientadas en paisajes inexplorados, bajo la amenaza de los indios, o en ciudades sin ley en las que los bandidos campan a sus anchas. Los personajes suelen representar el bien y el mal sin ambages; los buenos de la película eran los blancos que venían a civilizar aquellas tierras, mientras que los malos solían ser los indios hostiles y los malvados pistoleros a sueldo del cacique, todo ello mezclando temas fundamentales y rasgos comunes de diferentes maneras pero que definen un genero cinematográfico único y especial, con una iconografía característica: rifles y pistolas, sombreros y espuelas, cowboys y caballos, indios y diligencias, ranchos solitarios y salones de ciudades polvorientas de una sola calle.

El western ha sido utilizado a menudo por el cine estadounidense para escribir la épica de su propio país, creando una narración legendaria del proceso de fundación de los Estados Unidos, protagonizada por héroes que encarnan algunos de los valores más arraigados de la cultura americana: valor, esfuerzo, independencia, pero también codicia, violencia y culto a las armas.

La conquista del Oeste ha quedado, pues, inmortalizada en innumerable historias y leyendas que han manipulado y falseado aquella época, violenta y sanguinaria como pocas, en las que se olvida con frecuencia que se llevó a cabo a sangre y fuego, con el resultado de exterminar prácticamente a los nativos americanos, a quienes se representó primero como si fueran indios salvajes y más tarde como nobles y valientes pieles rojas, pero rara vez como verdaderos seres humanos. Con frecuencia, el cine americano muestra a los indios como demasiado malos o demasiado buenos, como nobles y valientes o cobardes y sanguinarios, cuando no simplemente ingenuos y casi tontos, y siempre torpemente inexpresivos, quedando ya esta supuesta incapacidad como una de las señas que mejor caracteriza a los indios de película.

Sin embargo, esta tendencia largamente sostenida a través de muchas décadas, tendió a corregirse en el western desde finales de los sesenta, cuando demostró ser un género asombrosamente creativo y flexible. Los temas podían mostrarse de forma más crítica, los hechos ser más crudos y realistas y los personajes tener mayor complejidad moral. Dentro de esta línea se encontraban películas como Grupo salvaje (1969), Un hombre llamado caballo (1970), Pequeño Gran Hombre (1970) y La venganza de Ulzana (1972), por mencionar algunas de las obras cinematográficas más señalas de aquel momento.

Una de las películas que mejor y con mayor veracidad supo retratar aquella primera época pionera de conquista fue Las aventuras de Jeremiah Johnson, rodada en 1972. Su argumento se inspira en los mountain men, como llamaron a los hombres de las montañas Rocosas, tramperos y cazadores de osos y búfalos, cuyas audaces y peligrosas aventuras sirvieron para crear toda una mitología, a menudo basada en hechos reales, como sucede en este caso. La historia que cuenta se inspira libremente en la vida de un autentico montañés llamado John Jeremiah Garrison Johnston (1824-1900), más conocido como John Johnston, que vivió en la zona de Montana perteneciente a las Rocosas. Existen abundantes leyendas acerca de sus aventuras, pero la veracidad de las mismas no se puede corroborar.

Las aventuras de Jeremiah Johnson, como se tradujo el título original en inglés más escueto de Jeremiah Johnson, es una película dirigida por Sydney Pollack y protagonizada por Robert Redford. Este film se ha constituido ya en un verdadero clásico, una obra maestra que perdurará en el tiempo. La crítica lo considera uno de los mejores western de toda la historia del cine. Es cierto. No obstante, es algo más que una gran una película de aventuras. Es una declaración de coraje y amor a la vida, contada además como una gran aventura, que nos habla del riesgo que supone vivir libres, honestos y cuerdos en un mundo de locos.

Jeremías Johnson es la historia de un hombre de espíritu aventurero que deja atrás el mundo civilizado y alcanza en las montañas la libertad que anda buscando. Es forastero en una nueva tierra, y no se imagina lo que cambiará su vida mientras intenta hallar su lugar en el mundo. En contacto directo con la naturaleza más salvaje, allá arriba, en la soledad de las montañas, Jeremías encontrará su destino. Como dice la canción de la película, "a veces la historia no siempre va como habías imaginado”, pero tal y como es, con su violencia y triste melancolía, no deja de contar otra cosa más que el sufrimiento que un mundo cruel impone a un hombre bueno y valiente, una historia desgarradora que, aun vista en innumerables ocasiones, sigue calando muy hondo cada vez que asistimos a su tragedia personal.

Hay que tener en cuenta el momento en que se realiza la película, principios de los setenta, una época convulsa y contestataria en casi todo el planeta, y con especial relevancia en los Estados Unidos, que conoció manifestaciones pacifista en contra de la guerra de Vietnam, acciones reivindicativas de los nativos amerindios después de muchos años de silencio y sometimiento, las marchas por los derechos civiles de los negros, el movimiento hippy y la contracultura entre otras muchas acciones opuestas al sistema de vida establecido en Norteamérica. Es evidente que la actitud de rebeldía de Jeremías Johnson entroncaba con una postura de la juventud americana, que hastiada de la sociedad capitalista y consumista dominante buscaba una salida a su mediocre existencia.

El guion lo escribieron John Milius y Edward Anhalt, y su argumento se basa en el libro de Raymond Thorp y Robert Bunker, Crow Killer: The Saga of Liver-Eating Johnson, y en el de Vardis Fisher, Mountain Man, más que en la verdadera historia del trampero John Johnston.


 

 
C ROW KILLER (Biografía, 1958)

La biografía Crow Killer: The Saga of Liver-Eating Johnson (El asesino de crows: la leyenda de Johnson el Comehígados), fue escrita por Raymond W. Thorp, autor de libros sobre el Oeste, como Bowie Knife y Spirit Gun of the West: La historia de Doc Carver, entre otros títulos, y Robert Bunker, coautor y editor encargado de realizar la corrección literaria del manuscrito original de Thorp, aunque nunca se conocieron en persona.

En el libro (pagina 21), se relata: Una mañana de mayo de 1847, los indios cuervos mataron y despellejaron a la esposa embarazada de Johnston; durante muchos años, él asesinó a los indios cuervo y comió sus hígados crudos.

Cuando Johnston regresó de cazar y llegó a su cabaña se encontró los restos de su esposa india asesinada. Juró venganza contra toda una tribu india, los crows, responsables de la matanza. Y durante décadas se dedicó a llevar a cabo una feroz represalia, dando caza y matando a cuanto indio cuervo encontraba en su camino. El asesino de crows no se contentaba con matar, sino que los cuerpos de los guerreros eran brutalmente masacrados, y no solo descabellados, sino que cortados por debajo de las costillas para extraerles los hígados crudos. Se hizo famoso en la Frontera como “Liver -Eating Johnson, es decir, Johnson El Comehígados, pues se le atribuía la costumbre caníbal de zamparse el órgano crudo de sus enemigos muertos.

Raymond Thorp fue el investigador encargado de recopilar información sobre Johnston, mientras que Robert Bunker fue el verdadero escritor que trasladó su vida al papel. El libro se suponía que estaba basado en una historia real, pero era más bien una pieza de folklore con escaso rigor y veracidad histórica.

Dennis McLelland ha llevado a cabo una prolongada y minuciosa investigación sobre la vida de Johnston, y en su libro The Avenging Fury of the Plains desmonta una a una las abundantes falacias que se recogen en el libro de Thorp y Bunker. Según los registros militares, durante el enfrentamiento armado entre México y los Estados Unidos de 1846 a 1848, es decir, cuando supuestamente se produjo el asesinato de su esposa y su hijo, Johnston "estaba en la marina". Otras fuentes creíbles, entre las que se encuentra su colega John X. Beidler, declararon en sus escritos que Johnston llegó a la Frontera alrededor de 1860 desde la "costa" y que, de hecho, era un marinero.

McLelland asegura también que los crows, al contrario que los belicosos pies negros, los vengativos arikaras o los orgullosos sioux, habían mantenido tradicionalmente una relación amistosa y comercial con los blancos - como atestigua la presencia, entre otros muchos, del trampero negro Jim Beckwourth y el indio blanco Thomas H. Leforge, quienes convivieron entre ellos durante muchos años, adoptaron sus costumbres y formaron una familia-, además del hecho de alistarse como exploradores del ejército americano, en el que estaban bien considerados pese a ser indios, según el racismo imperante de entonces.

Nunca sabremos los hechos exactos y completos de la vida de Johnson. El antropólogo e historiador Joseph Medicine Crow, autor de referencia sobre los nativos americanos y cronista oficial de la nación Cuervo, sostiene que la historia es ficticia, sin respaldo en la tradición oral de su tribu.

Por otra parte, el libro no pretendía ofrecer una imagen realista del violento mundo de la Frontera, sino crear un relato mítico del Oeste. El relato heroico de un hombre enfrentado solo en una guerra de venganza contra la nación crow. Los hechos reales eran imposibles de verificar, pero se creó una ficción histórica a base de mezclar datos confusos, erróneos e inventados, como el nombre de Crow Killer, aparentemente inventado por Thorp y Bunker. A pesar de ello la historia arraigó y se hizo popular.

El auténtico John Johnson era un individuo violento, borracho, inculto, brutal, racista, aunque según Thorp y Bunker mostraba un respeto real por los guerreros de muchas tribus. Johnson tenia reputación como genocida, ya que dejaba comida envenenada con estricnina para que los nativos la encontraran, y era sospechoso de introducir mantas infectadas de viruela entre los pies negros de Canadá en venganza por la destrucción de su puesto comercial de whisky a finales del verano de 1869.

Para escribir la biografía de Johnson, Thorp utilizó diferentes fuentes, algunas de ellas orales, pasando mucho tiempo entrevistando a veteranos de la Frontera. Uno de ellos era un antiguo trampero apodado “Ojo Blanco” Anderson, quien al parecer estuvo cazando con Johnston y que, en 1940, a los noventa años, relató a Thorp sus recuerdos, añadiendo de paso las hazañas de un individuo llamado Del Gue, supuestamente socio de Johnston, aunque no proporciona más datos. En su libro autobiográfico Enterré a Hickok, Anderson menciona asimismo a un hombre de la Frontera con el mismo nombre. Pero más allá de estas dos referencias aisladas, no existen pruebas sobre su vida real.

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