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LAS AVENTURAS DE JEREMIAH JOHNSON

El Oeste americano del siglo XIX es uno de los periodos más legendarios de la historia humana.

 
E l Oeste americano del siglo XIX es uno de los periodos más legendarios de la historia humana. Es un tiempo pasado que cautivó la imaginación de la gente desde sus inicios, ya en el siglo XIX, cuando su fama se extendió gracias a las novelas de diez centavos, diarios de viajeros, teatros y espectáculos del Salvaje Oeste, para deleite de un numeroso publico al que le gustaban los relatos de acción, repletos de aventuras, viajes y tiroteos. Pero es la imagen ofrecida por los grandes medios de masas, a través del western principalmente, un género cinematográfico típico del cine estadounidense, la que ha perdurado y se conoce actualmente en todo el mundo. Y ha sido esta visión ilusoria, falsa y estereotipada, fomentada por diversos intereses, la que ha terminado por imponerse como exponente de la cultura popular. Y el Oeste, gracias a la magia del cine sobre todo, más que una época concreta de la historia de la Humanidad, es ya un mito mundial, una leyenda alejada de la más mínima veracidad histórica. Esto es lo que conoce la inmensa mayoría de la gente. Los western han contribuido de forma decisiva a distorsionar la realidad del Oeste americano.

Las películas y novelas de vaqueros o del Oeste, como se conoce este género tan popular entre el gran publico español, sitúan su acción en un determinado contexto histórico: la exploración y conquista del territorio occidental de los Estados Unidos durante el siglo XIX. Están ambientadas en paisajes inexplorados, bajo la amenaza de los indios, o en ciudades sin ley en las que los bandidos campan a sus anchas. Los personajes suelen representar el bien y el mal sin ambages; los buenos de la película eran los blancos que venían a civilizar aquellas tierras, mientras que los malos solían ser los indios hostiles y los malvados pistoleros a sueldo del cacique, todo ello mezclando temas fundamentales y rasgos comunes de diferentes maneras pero que definen un genero cinematográfico único y especial, con una iconografía característica: rifles y pistolas, sombreros y espuelas, cowboys y caballos, indios y diligencias, ranchos solitarios y salones de ciudades polvorientas de una sola calle.

El western ha sido utilizado a menudo por el cine estadounidense para escribir la épica de su propio país, creando una narración legendaria del proceso de fundación de los Estados Unidos, protagonizada por héroes que encarnan algunos de los valores más arraigados de la cultura americana: valor, esfuerzo, independencia, pero también codicia, violencia y culto a las armas.

La conquista del Oeste ha quedado, pues, inmortalizada en innumerable historias y leyendas que han manipulado y falseado aquella época, violenta y sanguinaria como pocas, en las que se olvida con frecuencia que se llevó a cabo a sangre y fuego, con el resultado de exterminar prácticamente a los nativos americanos, a quienes se representó primero como si fueran indios salvajes y más tarde como nobles y valientes pieles rojas, pero rara vez como verdaderos seres humanos. Con frecuencia, el cine americano muestra a los indios como demasiado malos o demasiado buenos, como nobles y valientes o cobardes y sanguinarios, cuando no simplemente ingenuos y casi tontos, y siempre torpemente inexpresivos, quedando ya esta supuesta incapacidad como una de las señas que mejor caracteriza a los indios de película.

Sin embargo, esta tendencia largamente sostenida a través de muchas décadas, tendió a corregirse en el western desde finales de los sesenta, cuando demostró ser un género asombrosamente creativo y flexible. Los temas podían mostrarse de forma más crítica, los hechos ser más crudos y realistas y los personajes tener mayor complejidad moral. Dentro de esta línea se encontraban películas como Grupo salvaje (1969), Un hombre llamado caballo (1970), Pequeño Gran Hombre (1970) y La venganza de Ulzana (1972), por mencionar algunas de las obras cinematográficas más señalas de aquel momento.

Una de las películas que mejor y con mayor veracidad supo retratar aquella primera época pionera de conquista fue Las aventuras de Jeremiah Johnson, rodada en 1972. Su argumento se inspira en los mountain men, como llamaron a los hombres de las montañas Rocosas, tramperos y cazadores de osos y búfalos, cuyas audaces y peligrosas aventuras sirvieron para crear toda una mitología, a menudo basada en hechos reales, como sucede en este caso. La historia que cuenta se inspira libremente en la vida de un autentico montañés llamado John Jeremiah Garrison Johnston (1824-1900), más conocido como John Johnston, que vivió en la zona de Montana perteneciente a las Rocosas. Existen abundantes leyendas acerca de sus aventuras, pero la veracidad de las mismas no se puede corroborar.

Las aventuras de Jeremiah Johnson, como se tradujo el título original en inglés más escueto de Jeremiah Johnson, es una película dirigida por Sydney Pollack y protagonizada por Robert Redford. Este film se ha constituido ya en un verdadero clásico, una obra maestra que perdurará en el tiempo. La crítica lo considera uno de los mejores western de toda la historia del cine. Es cierto. No obstante, es algo más que una gran una película de aventuras. Es una declaración de coraje y amor a la vida, contada además como una gran aventura, que nos habla del riesgo que supone vivir libres, honestos y cuerdos en un mundo de locos.

Jeremías Johnson es la historia de un hombre de espíritu aventurero que deja atrás el mundo civilizado y alcanza en las montañas la libertad que anda buscando. Es forastero en una nueva tierra, y no se imagina lo que cambiará su vida mientras intenta hallar su lugar en el mundo. En contacto directo con la naturaleza más salvaje, allá arriba, en la soledad de las montañas, Jeremías encontrará su destino. Como dice la canción de la película, "a veces la historia no siempre va como habías imaginado”, pero tal y como es, con su violencia y triste melancolía, no deja de contar otra cosa más que el sufrimiento que un mundo cruel impone a un hombre bueno y valiente, una historia desgarradora que, aun vista en innumerables ocasiones, sigue calando muy hondo cada vez que asistimos a su tragedia personal.

Hay que tener en cuenta el momento en que se realiza la película, principios de los setenta, una época convulsa y contestataria en casi todo el planeta, y con especial relevancia en los Estados Unidos, que conoció manifestaciones pacifista en contra de la guerra de Vietnam, acciones reivindicativas de los nativos amerindios después de muchos años de silencio y sometimiento, las marchas por los derechos civiles de los negros, el movimiento hippy y la contracultura entre otras muchas acciones opuestas al sistema de vida establecido en Norteamérica. Es evidente que la actitud de rebeldía de Jeremías Johnson entroncaba con una postura de la juventud americana, que hastiada de la sociedad capitalista y consumista dominante buscaba una salida a su mediocre existencia.

El guion lo escribieron John Milius y Edward Anhalt, y su argumento se basa en el libro de Raymond Thorp y Robert Bunker, Crow Killer: The Saga of Liver-Eating Johnson, y en el de Vardis Fisher, Mountain Man, más que en la verdadera historia del trampero John Johnston.


 

 
C ROW KILLER (Biografía, 1958)

La biografía Crow Killer: The Saga of Liver-Eating Johnson (El asesino de crows: la leyenda de Johnson el Comehígados), fue escrita por Raymond W. Thorp, autor de libros sobre el Oeste, como Bowie Knife y Spirit Gun of the West: La historia de Doc Carver, entre otros títulos, y Robert Bunker, coautor y editor encargado de realizar la corrección literaria del manuscrito original de Thorp, aunque nunca se conocieron en persona.

En el libro (pagina 21), se relata: Una mañana de mayo de 1847, los indios cuervos mataron y despellejaron a la esposa embarazada de Johnston; durante muchos años, él asesinó a los indios cuervo y comió sus hígados crudos.

Cuando Johnston regresó de cazar y llegó a su cabaña se encontró los restos de su esposa india asesinada. Juró venganza contra toda una tribu india, los crows, responsables de la matanza. Y durante décadas se dedicó a llevar a cabo una feroz represalia, dando caza y matando a cuanto indio cuervo encontraba en su camino. El asesino de crows no se contentaba con matar, sino que los cuerpos de los guerreros eran brutalmente masacrados, y no solo descabellados, sino que cortados por debajo de las costillas para extraerles los hígados crudos. Se hizo famoso en la Frontera como “Liver -Eating Johnson, es decir, Johnson El Comehígados, pues se le atribuía la costumbre caníbal de zamparse el órgano crudo de sus enemigos muertos.

Raymond Thorp fue el investigador encargado de recopilar información sobre Johnston, mientras que Robert Bunker fue el verdadero escritor que trasladó su vida al papel. El libro se suponía que estaba basado en una historia real, pero era más bien una pieza de folklore con escaso rigor y veracidad histórica.

Dennis McLelland ha llevado a cabo una prolongada y minuciosa investigación sobre la vida de Johnston, y en su libro The Avenging Fury of the Plains desmonta una a una las abundantes falacias que se recogen en el libro de Thorp y Bunker. Según los registros militares, durante el enfrentamiento armado entre México y los Estados Unidos de 1846 a 1848, es decir, cuando supuestamente se produjo el asesinato de su esposa y su hijo, Johnston "estaba en la marina". Otras fuentes creíbles, entre las que se encuentra su colega John X. Beidler, declararon en sus escritos que Johnston llegó a la Frontera alrededor de 1860 desde la "costa" y que, de hecho, era un marinero.

McLelland asegura también que los crows, al contrario que los belicosos pies negros, los vengativos arikaras o los orgullosos sioux, habían mantenido tradicionalmente una relación amistosa y comercial con los blancos - como atestigua la presencia, entre otros muchos, del trampero negro Jim Beckwourth y el indio blanco Thomas H. Leforge, quienes convivieron entre ellos durante muchos años, adoptaron sus costumbres y formaron una familia-, además del hecho de alistarse como exploradores del ejército americano, en el que estaban bien considerados pese a ser indios, según el racismo imperante de entonces.

Nunca sabremos los hechos exactos y completos de la vida de Johnson. El antropólogo e historiador Joseph Medicine Crow, autor de referencia sobre los nativos americanos y cronista oficial de la nación Cuervo, sostiene que la historia es ficticia, sin respaldo en la tradición oral de su tribu.

Por otra parte, el libro no pretendía ofrecer una imagen realista del violento mundo de la Frontera, sino crear un relato mítico del Oeste. El relato heroico de un hombre enfrentado solo en una guerra de venganza contra la nación crow. Los hechos reales eran imposibles de verificar, pero se creó una ficción histórica a base de mezclar datos confusos, erróneos e inventados, como el nombre de Crow Killer, aparentemente inventado por Thorp y Bunker. A pesar de ello la historia arraigó y se hizo popular.

El auténtico John Johnson era un individuo violento, borracho, inculto, brutal, racista, aunque según Thorp y Bunker mostraba un respeto real por los guerreros de muchas tribus. Johnson tenia reputación como genocida, ya que dejaba comida envenenada con estricnina para que los nativos la encontraran, y era sospechoso de introducir mantas infectadas de viruela entre los pies negros de Canadá en venganza por la destrucción de su puesto comercial de whisky a finales del verano de 1869.

Para escribir la biografía de Johnson, Thorp utilizó diferentes fuentes, algunas de ellas orales, pasando mucho tiempo entrevistando a veteranos de la Frontera. Uno de ellos era un antiguo trampero apodado “Ojo Blanco” Anderson, quien al parecer estuvo cazando con Johnston y que, en 1940, a los noventa años, relató a Thorp sus recuerdos, añadiendo de paso las hazañas de un individuo llamado Del Gue, supuestamente socio de Johnston, aunque no proporciona más datos. En su libro autobiográfico Enterré a Hickok, Anderson menciona asimismo a un hombre de la Frontera con el mismo nombre. Pero más allá de estas dos referencias aisladas, no existen pruebas sobre su vida real.

Joseph Anderson (1853 – 1946), alias Oyster Johnny y White Eye, debido a una lesión de su ojo izquierdo provocada por un carbón ardiente, escribió sus memorias ya de viejo en un intento de rescatar la verdad sobre ciertos acontecimientos históricos del Oeste de los que había sido testigo y que, a su juicio, estaban siendo distorsionados por los medios de comunicación de su tiempo. Su obra fue publicada y, aparte de confundir algunas fechas, el informe se considera bastante exacto.

Anderson dejó su Ohio natal a los 16 años para ir al Oeste. A pesar de su juventud y de su pobreza, el muchacho se las apañó para llegar a Fort McPherson, en Nebraska. Allí trabó amistad con Texas Jack, uno de los exploradores del fuerte, dedicándose ambos a buscar y reunir caballos cimarrones para venderlos o como recompensa. En cuanto hizo algo de dinero, el joven Anderson compró un buen rifle, un revolver de seis tiros, abundante munición y algunas trampas. Su intención era ganarse la vida como cazador, un oficio arduo y arriesgado pero que ofrecía sustanciales beneficios.

Andseron fue contratado para trabajar bajo las ordenes de Búfalo Bill en un viaje cinegético que contaba, entre otras distinguidas personalidades, con el gran duque Alexis de Rusia, el general Sheridan y el famoso George Armstrong Custer, además de ir acompañados de una corte de oficiales del ejército, periodistas y algunos escritores.

En su libro, Anderson cuenta un hecho significativo de cómo eran las cosas en el salvaje Oeste. Ese verano, los pawnees salieron en grupo de su reserva para ir a cazar búfalos, llevando consigo a toda su gente, mujeres, viejos y niños incluidos. Su campamento estaba cerca de donde acampaban Anderson y los otros. Ya habían completado su temporada de caza y se preparaban para regresar, cuando vieron a lo lejos una pequeña manada de búfalos que los guerreros más jóvenes se empeñaron en perseguir. "Los ancianos no querían ir, pero de todos modos fueron y descubrieron que lo que pensaban que eran búfalos era solo un señuelo". Los sioux habían urdido una astuta y traicionera artimaña para engañar a sus enemigos ancestrales los pawnees, cubriendo sus ponis con pieles de búfalo. El engaño consiguió alejar a los hombres, circunstancia que los sioux aprovecharon para atacar impunemente el poblado pawnee, masacrando a mujeres, ancianos y niños, de los que muy pocos lograron escapar con vida, e incluso mataron a todos los animales de carga y caballos que estaban en el campamento.

A principios de abril de 1873, Anderson conoció al célebre Wild Bill Hickok en Fort McPherson, que había ido para tratar con Bill Cody y Texas Jack Omohundro su posible participación en el espectáculo del Wild West. Wild Bill era bastante mayor que Anderson y tenía una gran reputación como pistolero, atribuyéndosele haber liquidado a unas 40 personas en el cumplimiento de su deber como Marshall, a quien acogió como aprendiz, enseñando a “su chico de ojos blancos” a disparar rápida y certeramente con dos pistolas o con el caballo al galope. Anderson estaba muy orgulloso de contar con un maestro de la talla de Wild Hickok.

En 1876, Anderson, ya convertido en un experto tirador, viajó a Fort Laramie para trabajar como guía de una caravana de colonos, en la que su hermano Charlie Anderson era el jefe de carros y un tal "Colorado Charley" Utter actuaba de capitán. Mientras esperaban a formar un grupo más numeroso, ya que las últimas caravanas habían sufrido ataques de los indios a pesar de las tropas del fuerte que patrullaban las rutas de emigrantes.

Fue entonces cuando Anderson conoció a otra pintoresca personalidad del Oeste.

Un oficial de Fort Laramie nos preguntó si nos llevaríamos a una joven con nosotros. Había estado en una gran fiesta con los soldados del fuerte y ahora estaba en el calabozo, borracha y casi desnuda. Su nombre era Calamity Jane. Steve Utter la conocía y dijo que él la cuidaría. La oficina proporcionó ropa interior de soldado y el resto de nosotros la proveímos con varias prendas de ropa. Cuando quedó limpia y sobria, era bastante atractiva. Sin embargo Calamity podía jurar como un marinero borracho. Ella también era muy diestra con un rifle y un seis tiros. (…) Calamity Jane era una gran amiga en tiempos de apuro. Cuidaba a los enfermos o heridos hasta que estuvieran bien. Ella podía ser áspera, pero también puede ser una mujer de gran corazón, amable y buena.

En sus memorias, Anderson cuenta cómo mataron a Wild Bill en agosto de 1876. Hickok era muy aficionado al póker y, cuando se sentaba a jugar, siempre lo hacía de espaldas a la pared, pero un día funesto tuvo que sentarse con la espalda expuesta ya que todos los asientos estaban ocupados por otros jugadores. Un irlandés pelirrojo, pequeño y fuerte llamado McCall, que parecía estar medio borracho , entró entonces en el salón, ocultando bajo el abrigo un revolver amartillado, se acercó por detrás y le descerrajó un tiro a Wild Hickok en la cabeza, provocándole la muerte en el acto. El cobarde McCall se libró del linchamiento e incluso salió en libertad del primer juicio gracias a contar con una mayoría de irlandeses en el jurado. Más adelante sería juzgado de nuevo en la ciudad de Laramie y ahorcado.

A finales de 1886, Ojo Blanco Anderson vendió todo lo que tenía y se dirigió a San Diego. Para él había terminado el salvaje Oeste. Dejó el juego y las prospecciones mineras en busca de oro, y a partir de entonces se convirtió en un miembro respetable de la comunidad que asistía regularmente a los oficios religiosos la iglesia regularmente, mientras desempañaba múltiples oficios: pocero, fabricante de ladrillos y constructor de iglesias. Un final mediocre para un hombre que en sus mejores tiempos había conocido y tratado a gente de la Frontera como Johnston el "devorador de hígados”, William F. "Buffalo Bill" Cody, Doc Carver, Calmity Jane, Texas Jack o los hermanos forajidos Frank y Jesse James.

Thorp recurrió asimismo a Doc Carver, un hombre del Oeste de quien escribió la biografía anteriormente citada, y que estaba considerado en su época como uno de los mejores tiradores del mundo. El New York Times en su edición del 6 de julio de 1878 dijo sobre su extraordinaria puntería: El Dr. WF Carver, el hombre que puede poner una bala en un cuarto de plata mientras la moneda vuela por el aire…

William Frank Carver (1851 - 1927) era alto y robusto, con el pecho tan ancho que se necesitaría un rifle potente para que lo atravesara una bala, de carácter severo y taciturno, ejercía de dentista, de ahí el apodo de "Doc". Aunque su estancia en la Frontera fue breve, alternó su carrera profesional contratando además sus servicios como experto tirador y jinete en expediciones cinegéticas, una de ellas en compañía de Búfalo Bill, que hacía de guía.

En 1878, tras una exitosa exhibición de tiro realizada en San Francisco, Carver se unió en una gira con el explorador y cazador Texas Jack, el primero mostrando su pericia con el rifle mientras el segundo demostraba su habilidad con la pistola. Tiempo después, en mayo de 1883, Carver se asoció con Buffalo Bill Cody para poner en marcha un espectáculo de Wild West. El show fue un éxito inmediato, pero la relación entre ambos fue tirante desde el principio, y al final de la temporada, se separaron como enemigos. A partir de entonces, Carver mantuvo su propio show en gira, también considerado como el Salvaje Oeste, con el que viajó por Europa y Australia, hasta su disolución a finales del siglo XIX.

Los espectáculos del Oeste fueron espectáculos itinerantes de vodevil habituales en los Estados Unidos y Europa desde 1870 hasta 1920. Las obras de teatro de sus comienzos evolucionaron hasta convertirse en diversiones al aire libre que mostraban estereotipos de vaqueros, indios, bandidos y animales salvajes. Algunas de sus historias y personajes eran ficticias y otras se basaban en hechos reales, pero a todas se les daba siempre un toque sensacionalista.

En la segunda mitad del siglo XIX, las novelas baratas de diez centavos que representan el Oeste americano y la vida fronteriza se estaban volviendo muy populares. En 1869, el autor Ned Buntline escribió una novela sobre el cazador y guía William F. Cody , más conocido por Buffalo Bill, titulada El Rey de los Hombres de la Frontera. En 1872, la novela de Buntline se transformó en la producción teatral The Scouts of the Prairie, estrenada en Chicago con la presencia de Buntline, Búfalo Bill y el tirador Texas Jack Omohundro, se mantuvo en cartel por todo el país durante dos años.

El Wild West, una atracción al aire libre que llegó a ser el más famoso espectáculo de todos y que atraía a miles de personas, fue creado por Cody en 1883, y en las 3 o 4 horas que duraba contenía mucha acción, comenzando con un desfile multitudinario, seguido con exhibiciones de tiro, carreras, rodeos, escenas de batalla, o representaciones de cacerías y asaltos a la diligencia, en actuaciones tituladas dramáticamente Bison Hunt, Train Robbery, Indian War Battle Recreation, también conocida como "La última batalla de Custer”.

El Buffalo Wild West recorrió Europa ocho veces, entre 1887 y 1906, contando con la presencia más o menos prolongada de célebres personajes como Will Rogers, Tom Mix, Pawnee Bill, el capitán Adam Bogardus, o mujeres como Annie Oakley, capaz a los 15 años de derrotar en una competición de tiro a Frank Butler, un tirador profesional, y Calamity Jane otra notoria mujer de existencia ajetreada y aventurera, dada a contar historias salvajes, muchas inventadas por ellas misma, y que aparecía en el programa como una experta tiradora de rifle y revólver, hasta que en 1902 la despidieron por beber y armar camorra.

Los nativos americanos en particular fueron retratados de una manera degradante y falsa. Los indios fueron contratados para participar en supuestas batallas históricas, pero a menudo aparecían en escena como exóticos salvajes, con ritos extraños y costumbres bárbaras y crueles. Toro Sentado participó en la función por un corto tiempo y fue una atracción estrella junto a otros grandes jefes indios del pasado como el Jefe Joseph, Nube Roja y Gerónimo.

La influencia de los espectáculos del Oeste se dejó sentir en el cine, como evidencian los numerosos western que se rodaron desde sus inicios, películas que vinieron a llenar el hueco dejado tras la desaparición de aquellos espectáculos itinerantes, que recorrieron el mundo para mostrar un Oeste - falso e inventado- que había dejado de existir tan solo unos pocos años antes. El primer western real, The Great Train Robbery, se realizó en 1903, dando origen a un género cinematográfico típica y exclusivamente americano.

La historia de Johnson se promovió a través de sus actuaciones en el espectáculo del Wild West, y con entrevistas en periódicos. Johnson representó y dramatizo sus luchas con los indios en el puesto comercial de Fort Hawley en mayo de 1869, recreando el consumo del hígado de un guerrero sioux, aunque utilizaron indios cuervos contratados. En 1884, Johnson intervenía en un espectáculo itinerante con la famosa Calamity Jane, ya mencionada, el intérprete y explorador Thomas H. Leforge, que vivió entre los indios cuervos durante décadas, y Curly, uno de los seis exploradores crows que acompañaron al general Custer a Little Bighorn.

Las memorias de Tom Leforge, recopiladas por el Dr. Thomas Marquis, médico de la Agencia Crow y amigo personal de Leforge en su vejez, ofrecen un relato verídico de un hombre blanco que fue aceptado plenamente en la vida india. Aunque dejó la tribu durante dos décadas para vivir entre blancos, regresó a la reserva crow en sus últimos años para "morir como un indio cuervo americano".

Curly (o Curley), era un explorador crow del ejército de los Estados Unidos durante las Guerras Sioux, que se hizo célebre en todo el país por haber sido el único superviviente del 7º Regimiento de Caballería en la batalla de Little Bighorn. Curly tenía solo 17 años en ese momento, siendo el más joven de los exploradores crows a las órdenes del general Custer, aunque según su propio testimonio no participó en la lucha, sino que la observó desde la distancia y logró escapar disfrazado de sioux. El fue el primero en informar de la derrota, lo que llevó a relatos contradictorios de su participación. No obstante, pronto se convirtió en un héroe nacional, una celebridad invitada a desfiles y reuniones. A pesar de todo, Curly siempre sostuvo que no hizo nada heroico y que había abandonado la batalla cuando se le ordenó que lo hiciera.

Thorp se valió asimismo de artículos periodísticos. Johnson fue entrevistado debido a su reputación como asesino de indios, de los que afirmaba haber matado a más de mil, mientras que Thorp sitúa la cifra por debajo de los 500. Probablemente él mismo participó en la manipulación de su imagen pública, modelando su historia a partir de la de otros, tipos tan duros y sanguinarios como Tom Quick y Lewis Wetzel.

Tom Quick (1734 - 1795) declaró la guerra en solitario a la nación Delaware en el noroeste de Nueva Jersey en la década de 1870, lugar de nacimiento de Johnson. Conocido como el Cazador de Indios y el Vengador de Delaware, muchos lo vieron como un héroe, hasta el punto de erigir una estatua en su honor en Milford, Pensilvania, donde nació, mientras que otros lo tachaban de asesino y proscrito.

Tom Quick creció en estrecha armonía con los indios lenape que habitaban a orillas del río Delaware, con los que aprendió a cazar, pescar y rastrear, hasta hacerse muy hábil tanto con el arco como con el rifle. Esta cordial amistad se vio truncada cuando los nativos, amistosos hasta entonces, se sublevaron con la intención de aniquilar a toda la población blanca, cada año más numerosa, que había ocupado su territorio. Una de sus victimas fue el padre de Tom. Esta tragedia afectó hondamente a Quick, quien a partir de ese momento, armado con su rifle Long Tom (de más de dos metros de largo), consagró su vida entera a matar indios. El taciturno Quick supuestamente mató a 99 personas de la tribu Lenape, a veces familias enteras, incluidas mujeres, niños y ancianos, como venganza por el asesinato de su padre.

Lewis Wetzel (1763-1808), conocido como Viento de la Muerte, era un sujeto de parecida calaña. Un tipo alto y fuerte, natural del valle superior del rio Ohio, estaba considerado como un héroe de la Frontera por muchos estadounidenses. El escritor Zane Grey lo inmortalizó en sus libros Spirit of the Border, Betty Zane y The Last Trail .

En 1777, los indios tomaron prisioneros a Lewis, que entonces tenía tan solo 13 años, y a su hermano menor Jacob, de 11, pero lograron escapar, aunque el primero recibió un disparo en la pierna durante la captura. Esta experiencia marcó al joven Lewis para el resto de su vida.

A partir de entonces, Wetzel pasó cada momento libre perfeccionándose para ser un formidable luchador. Como era habitual, su padre le había dado un buen aprendizaje para sobrevivir en la Frontera, pero Lewis practicó hasta hacerse un experto con el rifle, el cuchillo y el hacha de guerra. Cuentan que era tan rápido y ágil que, al menos en el bosque, nadie podía atraparlo. Además desarrolló todo tipo de habilidades; su truco más famoso consistía en cargar el arma mientras corría.

Wetzel solía rastrear pequeñas partidas indias, luego esperaba hasta que acampasen y estuvieran bien dormidos, e irrumpía sobre ellos como un demonio, blandiendo un gran cuchillo y el tomahawk, y matando a todos los que podía antes de que estuvieran lo suficientemente despiertos como para resistirse. Usando este tipo de artimañas, se estima que mató a más de cien personas, de las cuales muchas perdieron también la cabellera.

Nunca se estableció, ni construyó una cabaña propia, cultivó o se dedicó a ninguna clase de trabajo habitual. Tampoco mantuvo una relación permanente con una mujer. La lucha se convirtió en su único objetivo. Con el paso de los años, Wetzel se volvió cada vez más raro y excéntrico. Llevaba el pelo muy largo, hasta las rodillas, para dejarles a sus enemigos un cuero cabelludo que valiera el esfuerzo que costaría conseguirlo, según decía.

Aunque en 1788 le acusaron del asesinato de nativos americanos pacíficos, escapó y no hubo juicio. Es más, Wetzel fue proclamado un héroe. La mayoría de la gente estaba segura de que los indios eran subhumanos muy peligrosos a los que se les debía matar. No solo estaba permitido, sino que se consideraba un valioso servicio público, y de hecho, en numerosos sitios, se recompensaba económicamente por cada cabellera india arrancada. Muchos norteamericanos odiaban a los nativos tan intensamente que no querían la paz hasta que el último indio estuviera muerto.

Sin embargo, aún queda una cuestión de cierta importancia sin resolver. Ya sabemos que se ganó su horrible apodo de comedor de hígados cuando en 1886, Johnston y otros catorce hombres que trabajan cortando madera para suministrar a los barcos que navegaban por el Misuri, fueron atacados por una partida de guerra sioux. Durante la pelea, Johnston mató a un indio con un cuchillo, sacando un pedazo de hígado en la punta de la hoja y bromeando sobre el hecho de probarlo, pero sin llegar, como algunos le atribuyeron, a ingerir la sangrante pieza. Entonces, si la historia era falsa, ¿en qué momento concreto se le empezó a llamar así?

El primer relato se hizo seis meses antes de la muerte de Johnston el 21 de enero de 1900, a la edad de 76 años. Durante una entrevista publicada en el periódico Anaconda Standard el 18 de julio de 1899, el reportero Marcus Daly le preguntó sobre su hábito de comer hígado y Johnston reaccionó agresivamente, asegurando que se trataba de una mentira. Johnston insistió con vehemencia que nunca pudo deshacerse del sobrenombre, a pesar de que el trozo de hígado que salió con la cuchillada no fue algo intencionado por su parte, y que mucho menos se lo llegó a comer, ya que tan solo "se llevó el hígado a la boca y dejó que se perdiera en sus tupidos bigotes en lugar de tragarlo ", como se refiere asimismo en un artículo escrito por Will Hanks para el Great Falls Tribune, el 21 de noviembre de 1885.

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