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JACK LONDON Y YO

“Me encontraba de nuevo rumbo a la aventura y buscaba la suerte” Jack London

 
S iempre me ha gustado la aventura. Me atraen las historias que sitúan a sus protagonistas en situaciones arriesgadas, en contacto directo con el peligro, jugando con la muerte, en duelo con la vida. El espíritu aventurero me toca con cercanía. Ya sea ficción o realidad, me interesa la aventura como hecho revelador de la condición humana.

La aventura no trata únicamente del valor o la cobardía. Para determinada clase de gente, constituye la piedra de toque de su propia valía individual. Como todas las situaciones límites, saca a relucir lo mejor y lo peor del espíritu humano. En la acción se pone en cuestión tanto lo bueno como lo malo, lo más noble y generoso y también lo más ruin y miserable que toda persona alberga en su interior. En esencia, se trata de un debate sobre la vida y la muerte, la bondad y la maldad, el sentido de la existencia y de la naturaleza humana, situado todo ello en un ambiente de riesgo y de lucha por la supervivencia.

Aunque personalmente no puede definírseme como un aventurero y hombre de acción, sin embargo, en mi modestia, uno ha pasado algún que otro apuro serio en la vida. Me refiero a ocasiones en la que crees no contarlo. Y puedo asegurar que jamás se olvidan. Es una experiencia que, cuando se vive, puede transformarte por completo, te afecta en lo más hondo y obra cambios insondables en tu interior, para bien o para mal. Lo principal de todo el asunto, el meollo de la cuestión es que, al ponerte a prueba, descubres quién eres realmente. Demuestras lo que llevas dentro no sólo a los demás, sino sobre todo a ti mismo.

De alguna forma es como tocar la muerte con la mano y volver a renacer a la vida. Te recuerda lo frágil y fácilmente quebradiza que es la existencia humana. Un hecho de tales características te influye profundamente y te obliga a examinar tu persona y tu existencia. Es una segunda oportunidad y no puedes dejar de preguntarte: ¿qué voy a hacer con mi vida?

De modo que lo que no he vivido lo he leído. Soy un empedernido y apasionado lector de narraciones reales o ficticias de aventuras. Es una afición que me empuja de forma inexorable hacia lo desconocido, ya sea en la propia vida o en las páginas de un libro.

De niño era un lector entusiasta de tebeos. Me gustaban especialmente Tintín, El Jabato, El Capitán Trueno y Blueberry. Me encantaban. Podía pasarme horas enteras leyendo sin descanso. Nunca olvidaré la caja de tebeos que guardaba debajo de la cama, mi mayor tesoro, ni tampoco podré arrinconar en la memoria la zurra con una correa de cuero que me dio mi padre cuando descubrió que le había birlado dinero de la cartera para comprarme un montón de ellos. A los tebeos tengo asociado el inmenso goce que me proporcionaban en las largas tardes de siesta veraniega.

No recuerdo cuándo aprendí a leer, ni cómo se despertó en mí el amor por la lectura. Sólo sé que forma parte de mis primeros recuerdos. En ese sentido era un niño un tanto raro, no deseaba juguetes, siempre quería libros como regalo. Sentía auténtica devoción por leer. Se pude decir que prácticamente no hacía otra cosa. Por supuesto, también me gustaba jugar, montar en bicicleta, nadar, trepar a los árboles, explorar y hacer cuanto divierte a los niños desde siempre. Pero nada era comparable con la lectura. Leía en la cama, leía en la mesa, leía en clase, me acostaba leyendo y procuraba madrugar para leer un rato antes de levantarme, llevaba un libro encima constantemente para poder leer en cualquier momento y circunstancia, y con frecuencia podía pasarme todo el día leyendo. Queda claro con esto lo que supone leer para mí. Y desde entonces, esta afición devoradora no ha hecho más que incrementarse. La pasión por los libros me ha acompañado durante toda mi vida, como una sombra y un fiel amigo.

No es lo único que me gusta mucho. También siento pasión por la música y el cine, de forma que si me viera privado de ambas cosas, sería casi como perder uno de los sentidos. Me faltaría algo muy importante para mí. Sin embargo, leer es especial. Será tal vez porque los libros han estado unidos a mí como un apéndice más desde que era niño, la cuestión es que valoro la lectura de una manera muy íntima y personal, hasta el punto de saber con certeza que los libros han contribuido a hacer de mi lo que soy, mejorándome como individuo y aportándome una riqueza espiritual e intelectual insustituibles. Y además, para alguien que no ha viajado mucho, o al menos no tanto como me hubiera gustado, han sido además la ventana por la que miraba el mundo.

Siempre he pensado que un libro es una especie de milagro. No deja de ser un pedazo de pasta de papel con un conjunto de raros signos escritos encima. En principio, nada a lo que darle mucho valor. Pero cuando se abre, cuando una persona alcanza a comprender el significado de esos extraños símbolos, cuando alguien es capaz de leer, entonces se origina el prodigio. Uno comienza a pensar, a imaginar, a soñar, y todo un universo de ideas, imágenes, sensaciones y sentimientos se revela por completo ante tu ser, descubriéndote otros mundos, pasados, presentes y futuros, y otras formas diferentes de entender la vida. Yo soy de los que cree firmemente que un libro puede cambiar el destino de alguien. En ese sentido, la aventura y la lectura se parecen, ya que ambas a su manera pueden transformar a una persona.


 

 
C omo iba contando, de chico me gustaban mucho las novelas de aventuras. Mis preferidas eran La isla del Tesoro, Moby Dick y Robinson Crusoe. Y fue en aquellas colecciones de clásicos juveniles de la biblioteca del colegio donde tuve la fortuna de encontrar un libro que pronto se convirtió en uno de mis favoritos. Se titulaba La llamada de la naturaleza, de un escritor americano que desde entonces se hizo un hueco en mi alma. Su nombre era JACK LONDON.

El libro cuenta la vida de un perro llamado Buck durante la fiebre del oro en Alaska, y su regresión natural de animal sumiso y dócil al servicio del hombre hasta que, tras pasar por la mano de diferentes amos, consigue la libertad de sus ataduras humanas al convertirse en un lobo salvaje. El autor pasó una temporada buscando oro en el Klondike y de sus experiencias de aquellos tiempos extrajo el material con el que escribiría más tarde sus novelas y relatos de aventuras. También se sirvió para narrar esta historia de diversos documentos, como diarios de viaje y cartas, más el propio conocimiento que Jack tenía de los perros, leales compañeros a lo largo de toda su vida.

De inmediato sentí un gran deseo de leer más libros de aquel escritor tan singular, y que con tanta convicción y habilidad había sabido contar las peripecias y desdichas de un animal hasta hacerlas tuyas. Además el espacio en que se desarrollaba la historia, las inhóspitas y lejanas tierras del Gran Norte, estaba lleno de encanto: Alaska, Yukón, Klondike, eran lugares de legendarias resonancias. Sin duda, el ambiente ideal para tan audaces hazañas.

Jack London era un joven de 21 años cuando el 25 de julio de 1897 se embarcó en San Francisco con destino a Alaska. Le acompañaba su cuñado James Shepard, un hombre de mediana edad que no tardaría en abandonarle al comprobar la extrema dureza del viaje. Entre los dos habían reunido los ahorros de la familia y juntos se dispusieron a conquistar su propia parcela de oro en aquellas remotas tierras. Los periódicos de todo el mundo se hacían eco de fantásticas noticias: yacimientos de oro que daban colosales fortunas. Miles de hombres y mujeres acudieron a la llamada del oro. Aventureros y tramposos, desesperados y fugitivos, desertores y marineros, oficinistas y dependientes, granjeros y maestros, no importaba la condición social, todos dejaron sus hogares para ir a extraer la riqueza de aquel pródigo suelo. De todos los rincones del planeta acudieron personas dispuestas a arriesgar la vida y la salud en tan azarosa empresa. Y Jack London fue uno de los que empeñó su presente por tan incierto porvenir.

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1 Comment

  1. JAYENA dice:

    Me han gustado mucho tus articulos, especialmente el de” Jack London y yo”donde unes vida y obra de forma breve pero lo suficiente para que quiera leer mas

    sus libros….
    Solamente quiero citar: “….escribo por necesidad, como algo vital .Es mi destino y no puedo escapar de la letra impresa” , es de tu libro Pensamiento Subversivo , que recomiendo su lectura porque te atrapa y te hace PENSAR…….

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