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ERIK MUNSTERHJELM
Tras los renos del Canadá

Tras los renos del Canadá, libro publicado por la Editorial Juventud en 1954, relata la azarosa vida como trampero de Erik Munsterhjelm, escritor prácticamente desconocido en España. El presente artículo pretende paliar de alguna manera tan injusto e inmerecido olvido.

 
H ay autores que, sin saber muy bien por qué razón, se quedan al margen, perdidos en el tiempo y sepultados en un inmerecido olvido. Las circunstancias tal vez no los hicieron célebres o populares, a pesar de sus indiscutibles méritos literarios. Han sido arrinconados, relegados y convertidos en raras piezas de coleccionismo. Sus nombres resultan desconocidos, lo cual, además de injusto y triste, supone una indudable pérdida de conocimiento y placer para todos. No obstante, esta misma rareza proporciona un sabor especial al afortunado lector que tiene la inmensa suerte de descubrirlos. De alguna manera es como si este feliz hallazgo fuera exclusivamente suyo, una idea falsa a todas luces, pero que guarda visos de certeza cuando compruebas que nadie más parece estar al tanto de su existencia.
A esta clase de escritores injustamente olvidados pertenece Erik Munsterhjelm, cuyo libro, Tras los renos del Canadá, cayó en mis manos por puro azar en una barata edición de bolsillo, comprada en los puestos de viejo de la Cuesta Moyano en Madrid.  Recuerdo que su lectura me atrapó de manera compulsiva. Desde la primera a la última página, me vi inmerso en una aventura apasionante, que no daba tregua, y que no puede abandonar hasta el final. En esencia, venía a contar la ardua y esforzada vida de los tramperos canadienses, una existencia llena de coraje, arrojo y tesón, cualidades que, con sencilla integridad, mostraban muchos de sus protagonistas, tanto humanos como animales. Pero en este caso no se trataba de un relato de ficción -como los de Jack London dedicados al Gran Norte-, sino de una historia real, narrada además con gran talento, capacidad de observación y un fino toque de humor e ironía. De inmediato, se convirtió en uno de mis libros de cabecera, una de esas raras y escogidas obras que te marcan y te acompañan para siempre.
El libro narra las peripecias del autor como inmigrante durante los años de la Gran Depresión. Erik huye de la pobreza y el trabajo duro bajo el inclemente sol californiano y parte hacia Canadá en busca del frío y la nieve. Tras comprobar que las cosas allí no son mucho mejores, se adentra en las vastas soledades nórdicas con la intención de hacerse trampero. Y lo hace provisto de un exiguo bagaje, algunas lecturas y unos rudimentarios conocimientos. De modo que tiene que aprender a sobrevivir a marchas forzadas. Erik pasará varios años en el ártico canadiense, conviviendo con indios y cazadores, policías y vagabundos, aunque la mayor parte del tiempo habitará solo en una cabaña de troncos, con la única compañía de sus perros de tiro, de los que depende y a quienes acabará considerando como auténticos amigos.
Salvo algunas pistas aisladas, que va desgranando a lo largo del libro, apenas se sabe nada más de este escritor y aventurero sueco, de origen finés y tamaño excepcional, con casi dos metros de altura, que vivió la mayor parte de su vida en Canadá. Solamente conocemos lo que nos refiere en sus memorias, que terminan con él volando de regreso a la civilización en una pequeña avioneta. Ahí empieza y termina la cosa. Picado por la curiosidad, me puse a indagar quién había sido aquel hombre de tan enrevesado apellido. Por desgracia, pude comprobar que, al menos en español, existe muy poca información acerca de él. Tras una exhaustiva búsqueda en internet, he aquí lo que he podido averiguar.
Erik Munsterhjelm nació el 28 de marzo de 1905 en Lohja, Finlandia, localidad que contaba con una parte de habitantes de origen sueco, como era su caso.  Sus padres fueron los pintores Alarik Gustav Waldemar “Ali” Munsterhjelm (1873 - 1944) y Alma Viria Olivia “Vivi” Dahlberg (1871 - 1950). Ali era sobrino del célebre pintor paisajista Hjalmar Munsterhjelm, mientras que su madre había estudiado dibujo en la escuela de Turku de 1889 a 1894. Se casaron en 1899 y tuvieron dos hijos: Åke (1900) y Erik (1905). Otro pariente famoso fue su tío Rudolf Ludvig Munsterhjelm, escritor y explorador en Groenlandia.
Tras cursar la escuela secundaria y pasar un año en la Academia de Cadetes, emigró a América en 1928, suponemos que escapando de las difíciles condiciones de vida que imperaban en su país natal, Finlandia, que, después de muchos años bajo soberanía rusa, por fin había alcanzado la independencia en 1917. El joven Erik pasó dos años vagabundeando entre Canadá y Estados Unidos, mientras desempeñaba diferentes oficios. Trabajó en una panadería de Montreal, cosechando trigo en las grandes praderas americanas y como obrero portuario en Los Ángeles. A comienzos de la década de los 30, partió de nuevo hacia Canadá, donde fue trampero y buscador de oro durante ocho años. Luego retornó a Finlandia para combatir en la Guerra de Invierno y la Guerra de Continuación (ambos conflictos situados dentro del contexto de la Segunda Guerra Mundial). En 1947, regresó de nuevo a Canadá y trabajó como geólogo para una compañía minera desde 1948 a 1967.  Erik Munsterhjelm falleció el 26 de marzo de 1992 en Brantford, Ontario, con 87 años de edad.
A lo largo de su vida publicó varios libros basados en sus experiencias en América. También escribió varias novelas de aventuras para un público juvenil ambientadas en las tierras del norte canadiense. Todos ellos se publicaron primero en sueco y luego en finés.
También escribió en inglés, entre otras obras, su autobiografía: The wind and the caribou; hunting and trapping in Northern Canada, traducida a varios idiomas. La Editorial Juventud publicó en 1954 Tras los renos del Canadá, en una excelente traducción de José Miguel Velloso, tanto en edición de bolsillo como en otra – mucho más aconsejable- de tapas duras con fotografías en blanco y negro del autor. Hasta la fecha, es el único de sus libros que se ha publicado en España. El título original, mucho más certero y evocador, proviene de un antiguo proverbio chipewyan, tribu de indios con la que convivió: «Nadie sabe el camino del viento y del caribú». *
El libro comienza precisamente cuando se encuentra cavando una zanja a pico y pala para la construcción de un nuevo puente, y harto del ardiente sol californiano, lo abandona todo y salta a un tren de carga que se dirige hacia el norte, “hacia el país de Dios”, como dice él. No se detiene hasta llegar a Edmonton, la capital de la provincia canadiense de Alberta, conocida como “la puerta al Norte”.
En su infructuosa búsqueda de trabajo, conoce a un paisano, un emigrante sueco llamado Karl, congenian desde el principio, y deciden unir sus ahorros y esfuerzos para salir adelante. Eran los difíciles años de la Gran Depresión y las oportunidades de conseguir empleo resultaban muy escasas. Viendo que sus recursos mermaban rápidamente, acuerdan hacerse tramperos, aunque ninguno de los dos sabe mucho al respecto. El más avezado era Karl, hijo de un guardabosque y un apasionado cazador durante toda su vida. Mientras que Erik tan solo aportaba a la sociedad los conocimientos teóricos que había adquirido con las novelas de aventuras. «He leído demasiado a Jack London y a Curwood, y acaso éste sea el mejor camino para sacármelos de encima», escribiría más tarde.
Tras proveerse del equipo necesario, los dos amigos viajan a los Territorios del Noroeste para dedicarse a cazar animales cuya piel se vendiera a buen precio. Llegan en tren hasta Stony Rapids, un poblado fronterizo de apenas cien habitantes, el último bastión civilizado, donde emprenden camino hacia el norte canadiense, una de las últimas tierras vírgenes del mundo, una zona salvaje e inhóspita, de inmensos bosques y grandes lagos y ríos que los comunican. En aquella época, la caza todavía conservaba cierta épica aventurera. Vivían en la frontera de dos mundos que tendían a desaparecer. El progreso era algo muy lejano que se manifestaba dos veces al año cuando arribaba un barco cargado de alimentos y pertrechos con los que colmar los almacenes de poblados remotos y aislados.
Los comienzos fueron difíciles, pero poco a poco van sorteando los primeros tropiezos y ganan en experiencia, hasta llegar a desenvolverse con soltura en plena naturaleza.  Al cabo de un tiempo, deciden separarse y Erik establece su propia ruta de trampas en la extensa zona que cubre el río Porcupine.  Construye una cabaña de troncos al pie de un lago, donde pasa varios años, algunos de ellos en solitario, mientras sobrevive principalmente de la caza y la pesca.
Erik hace una soberbia descripción de su entorno. Podemos ver el reflejo del sol en la nieve al amanecer o la suave luz del crepúsculo cayendo sobre un arroyo de aguas tersas y cristalinas como un espejo. El paisaje cobra vida en las páginas del libro, así como el pintoresco grupo de seres que habitan las tierras nórdicas canadienses, pobladas de una fauna y flora de gran riqueza y variedad.  Nos habla de su amistosa relación con las tribus indias vecinas, convertidas al catolicismo, aunque todavía conservaban muchas de sus antiguas tradiciones y creencias. Como era un hombretón joven, alto y fuerte, los indios le apodaron en son de burla “el enano”. Nos refiere los muchos trabajos y penalidades sufridos, así como las alegrías e ilusiones que entrañaba la arriesgada existencia del trampero, un tipo de vida libre y esforzada; nos cuenta de lobos y osos, de los rastros y las pieles conseguidas gracias a un íntimo conocimiento de las costumbres de los animales que habitaban en el ártico canadiense.
También confiesa que, en ocasiones, la soledad podía llegar a ser terrible, hasta el extremo de provocar en algunas personas un extraño padecimiento conocido como “el mal de cabaña” -cabin fever-, que se originaba al quedar confinadas entre sus reducidas paredes durante el crudo invierno, sin más entretenimiento que su mutua y, a la vez, detestable compañía. Una dolencia que en su fase menor se caracteriza por el malhumor y el odio hacia el compañero, y que, cuando se hace aguda y se vuelve una seria monomanía, puede desembocar incluso en la locura y el asesinato, como se han dado casos.
Aunque Erik termina por convertirse en un diestro cazador, manifiesta asimismo un profundo amor por los animales, en especial por los perros, a los que consagra un capítulo entero, con frases del más sincero y encendido elogio. Cosa que no extraña si tenemos en cuenta su prolongada y estrecha convivencia. Munsterhjelm pasó largas y solitarias temporadas con la única compañía de sus perros de trineo, protagonistas de muchas historias. El profundo cariño que sentía por su traílla de tiro, se deja percibir claramente en todo el libro. Las palabras que dedica a tan nobles animales se encuentran entre las mejores que se han escrito jamás sobre perros.
Igual de encomiástico es el retrato que hace de la Policía Montada del Canadá, cuya autoridad se ejercía a duras penas. En puestos avanzados, unos pocos hombres se encargaban de la ardua tarea de imponer orden en las disputas y vigilar para que no se cazara en lugares prohibidos.
No es preciso decir que, aun siendo por encima de todo un libro de viajes y aventuras, también lo es de caza, en el que se matan y abaten animales para comerciar con su piel y que además constituyen su principal sustento. A pesar de ello, su autor demuestra en todo momento un enorme respeto por la vida salvaje, en la que el hombre no es más que otro elemento más de la naturaleza, junto al resto de seres vivos que la habitan.
El libro sobre todo es un relato fiel del estilo de vida de los tramperos en el norte canadiense, una descripción sencilla pero apasionante de aquel mundo duro y salvaje que el autor conoció en su juventud, y que inevitablemente recuerda a Jack London, a quien Erik confiesa admirar. Sin embargo, las similitudes no terminan ahí.  La obra de Munsterhjelm, al igual que las mejores del escritor americano, no se limita a ser tan solo un simple pasatiempo, sino que aspira y logra alcanzar cotas de mayor trascendencia. En última instancia, sus páginas nos recuerdan que la auténtica grandeza reside en afrontar la vida con dignidad, tesón y coraje. ¿Acaso se puede pedir más?
Nota:* El reno y el caribú pertenecen a la misma especie. Tan solo se diferencian en que el caribú es salvaje y habita en América del Norte, mientras que el reno está domesticado y vive en las zonas septentrionales de Europa y Asia. Esta apreciación no se tuvo en cuenta en la edición española, debido probablemente a que, en 1954, la palabra reno era más conocida entre el público general. Por otra parte, el caribú canadiense es uno de los mamíferos que recorre mayores distancias durante sus migraciones.
Bibliografía de Erik Munsterhjelm:
-Med kanot och hundspann; Söderström, Helsinki (1942)
-Guldfeber; Söderström; Helsinki (1943) 
-Pionjärens hemlighet; Söderströms, Helsinki (1943)
-Den underbara dalen; Söderström, Helsinki (1944)
-Som vagabond till Kalifornien: utvandrarliv och hundår i Amerika; Söderström, Helsinki (1945)
-Gamle Bill: äventyr i Nordland; Söderström, Helsinki (1946)
-Amulettens gåta; Söderström; Helsinki (1947)
-Katra. Den store indianhövdingen; Sörlin, Helsinki (1947)
-The wind and the Caribou: hunting and trapping in Northern Canada ; George Allen & Unwin, Londres, 1953 (Tras los renos del Canadá, Editorial Juventud, 1954)
-Fool's gold: a narrative of prospecting and trapping in northern Canada;Macmillan, Toronto (1957)
-A Dog Named Wolf; Macmillan, Toronto (1972)
Información:
https://ruudinsavunjutut.blogspot.com/2016/08/suomalaisen-lannenkirjallisuuden.html
https://traslosrenosdelcanada.blogspot.com/
-Tras los Renos del Canadá; Editorial Juventud, 1954
Fuentes:
Foto de Erik Munsterhjelm Picture uploaded by Asko_Tolonen on Aug 3, 2021
https://www.librarything.com/author/munsterhjelmerik
Uppslagsverket Finlandia
https://uppslagsverket.fi/sv/sok/view-170045-MunsterhjelmErik
Projekt Runeberg: Svenska författarlexikon 2 1941–1950
(Proyecto Runeberg: Diccionario de autores suecos 2 1941–1950)
http://runeberg.org/sfl/2/0419.html

 

1 Comment

  1. Jesús dice:

    Impresionante y fascinante libro.
    Tras los renos del Canadá, te sumerge en una increíble aventura, en una època nostálgica.
    Con ganas de volver a leerlo.

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