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BARBARA DANE
La canción como instrumento de lucha social

No puedo imaginar una vida sin música (J.Caro)

 
S upe por primera vez de Barbara Dane al escuchar una canción que, de inmediato, me dejó completamente enamorado de su voz y de su obra. Se trataba del maravilloso tema I´m on my way (Estoy en el camino), el clásico góspel al que ella otorga una dimensión musical llena de fuerza, ritmo y encanto. Me resulta imposible escucharla sin que mi espíritu se eleve a las alturas y los pies comiencen a moverse al compás de la música. ¡Ah, cómo suena esa trompeta! Con esta pieza Bárbara Dane regaló al mundo una verdadera obra maestra. Al menos, esa es mi opinión personal.

Ignoro si sucede igual en otras partes, pero en nuestro inculto país, Barbara Dane no goza del prestigio y reconocimiento que debería tener, y creo que hablo con cierto conocimiento de causa. Trabajé durante varios años en una tienda de música y nadie me pidió jamás ni uno solo de sus discos. Yo la conocí casualmente debido a mi afición por el soul, el blues y el góspel.

La música negra norteamericana supone una contribución de primer orden a la cultura universal. Los afroamericanos han sido los creadores de un universo sonoro de características excepcionales, que ha influido en absolutamente todos los demás géneros musicales, desde la música popular a la considerada clásica, hasta el punto de haber supuesto el origen del rock, nacido de la mezcla inevitable de dos corrientes musicales originales y poderosas por sí mismas, como era la música folk norteamericana de los blancos, al estilo country, y el rhythm and blues, la música de baile de los negros.

En este contexto de un país divido no sólo por la raza y la clase social, sino también por la música, es donde nació y se educó Barbara Dane. Los blancos, con un mayor poder económico, eran los dueños de la mayoría de las discográficas y de las emisoras de radio y televisión del país, y a través de estos medios difundían una música blanca, es decir, hecha por blancos para una audiencia blanca. El pueblo afroamericano, menos numeroso y mucho más pobre, vivía sometido por la discriminación racial en la América blanca y conservadora de los años cincuenta, con especial crudeza en los Estados sureños. Pero los negros tenían algo que no pudieron arrebatar varios siglos de esclavitud; tenían espíritu y, por tanto, tenían música, su propia y original música, en la que expresaban las alegrías, pocas, y las penas, muchas, de su alma anhelante de libertad.

Barbara Dane era una cantante especial, ya no sólo por su música, sino por su personalidad. Fue la primera mujer blanca que se atrevió a grabar con un músico negro, el reputado bluesman Lightning Hopkins, en los años sesenta. Fruto de su colaboración es el disco Sometimes I believe she loves me (A veces creo que ella me ama), grabado en 1966, y cuya portada causó problemas en la promoción del álbum debido a que, por primera vez en Estados Unidos, una cantante blanca osaba salir en la foto acompañada de un músico negro.

En la década convulsa y agitada de los sesenta, con un país sacudido por la guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles, el Mayo del 68 francés, los movimientos independentistas africanos y otras causas, Barbara se involucró de lleno en la lucha. Armada con su guitarra, cantó por un mundo mejor. Participó en numerosos conciertos al lado de intérpretes tan célebres como Joan Báez, Bob Dylan y Pete Seeger.

Barbara Dane y el periodista Irwin Silber, director de la revista musical ¡Sing Out!, fundaron el sello discográfico Paredon Records. Entre 1969 y 1980, grabaron 50 discos en los cuales trataron de fundir el arte musical y el compromiso político y social. Esta colección se encuentra actualmente disponible en el sello Smithsonian Folkways. La obra que llevaron a cabo en su pequeña discográfica ubicada en San Francisco (California) supone un patrimonio de innegable valor cultural. Paredon Records constituye un caso excepcional en la historia musical norteamericana. No sólo grabaron canciones consideradas polémicas y revolucionarias, además incluyeron discursos y escritos radicales de todo el mundo. Los discos publicados pretendían representar a los movimientos populares más activos de aquella época.


 

 
B arbara Dane nació en 1927 en Detroit, la ciudad del automóvil. Aunque nacida en el Estado de Michigan, sus padres procedían de Arkansas. Durante los años de la Gran Depresión, las huelgas obreras cobraron un renovado auge en las fábricas de todo el país. La música jugaba un papel relevante en las reivindicaciones sindicales, con canciones que se hicieron enormemente famosas como The Fisher Strike (La huelga de los obreros de Fisher), ¡Oh, míster Sloan, sit down! (¡Oh, señor Sloan, siéntese!) y On the picket line (En el piquete), que se cantaban durante las manifestaciones.

Barbara mostró un activo compromiso social desde muy joven. Comenzó cantando en actos culturales y sindicales. En 1946, con 19 años, actuó como telonera de Pete Seeger cuando éste acudió a Detroit para tocar en el local del sindicato. Siendo adolescente ya era miembro de People´s song (Canción del pueblo), una organización de izquierdas que utilizaba la música “como grito de guerra por los derechos de los trabajadores, los derechos civiles y la libertad”. Con 20 años, en 1947, participó en el Festival Juvenil Mundial de Praga, un encuentro internacional de jóvenes músicos.

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1 Comment

  1. Jesús dice:

    Gracias por compartir este regalo en forma de artículo.
    La conozco gracias a ti y ya me habías hablado de su preocupación por los más desfavorecidos y por la lucha social eterna en este jodido mundo que refleja en sus canciones.
    Me apunto el libro para leerlo. Y cuando la escuche, que seguro que ahora que me la has recordado de nuevo, lo haré, lo veré de otra forma.
    Gran artículo.

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