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EL PARQUE NACIONAL DE OULANKA EN FINLANDIA

25/05/2017

DÍA 8 - Sábado 04-03-2017

 
E s día de vuelos y viajes en tren y autobús. Un día loco y cansado que sumado a la fatiga de la travesía hace que desee que termine cuanto antes. El vuelo de Kuusamo a Helsinki anunciado a las 06,30 se retrasa por culpa de una avería, y cuando ya estábamos en nuestros asientos nos hacen desalojar el avión y volver a la zona de embarque. Jaime se ha quedado en Ruka para su siguiente ruta como guía. Estoy cansado y falto de sueño, así que me sumerjo en la música con mis cascos a la espera de volar.

Sobre las 09,00, ya con el avión arreglado, volamos a Helsinki. Se pueden apreciar las huellas de la fatiga en los rostros del grupo. La hora de vuelo nos sirve para echar una cabezada.

En la capital finesa disponemos de cuatro o cinco hasta la salida de los diferentes vuelos. Los italianos embarcan una hora antes que nosotros. Atravesamos la terminal rumbo a la estación de tren que, en unos 25 minutos, nos deja en el centro. Es un lugar nuevo para mí, en cambio, Charo ya la conoce de otro viaje, y Sara, Fede y Marco tuvieron oportunidad de visitarla ya que llegaron con un día de antelación a la fecha prevista. La ciudad es pequeña y mezcla edificaciones modernas con construcciones antiguas.

Queremos ir al puerto y luego al mercado. El frío no invita a estar mucho tiempo paseando por las calles.

En el puerto se pueden contemplar algunos veleros de tiempos pasados, incluso uno de ellos ha sido convertido en un restaurante flotante. Después visitamos los puestos del mercadillo, en el que se venden todo tipo de artículos para turistas, con predominio de las prendas de abrigo como gorros, guantes y calcetines de lana, además navajas y cuchillos y diversos objetos de madera labrada, no se sabe si por máquinas o personas. Compramos algún recuerdo típico y después nos vamos al cercano edificio del mercado.

Un largo pasillo con tiendas de viandas dulces y saladas a ambos lados despierta nuestro apetito. Se nos hace la boca agua al ver tan suculentos bocados. Incluso nos topamos con un negocio de productos españoles: jamón serrano, quesos y otros fiambres, sin olvidar un kit de paella provisto de una paellera, arroz y marisco. Saludamos al chico que lo atiende en español, aunque creo que él nos caló antes.

Decidimos comer en un restaurante que conoce Charo, y nos pedimos unos enormes cuencos de sopa, especialidad de la casa, de pez o de reno. Yo pruebo la de pescado.

Cuando salimos empieza a nevar. Queda ya poco para coger el avión. Nos tomamos un café y luego nos despedimos de nuestros tres compañeros italianos. Entre abrazos y besos, nos damos los datos a donde enviar las fotos que cada cual ha tomado y, como suele ser habitual en estos casos, hacemos mutuas invitaciones para posteriores viajes. Quién sabe si volveremos a encontrarnos.

El trayecto en tren hacia el aeropuerto supone un pequeño contratiempo inicial. No somos capaces de encontrar expendedores ni taquillas de venta de billetes. Ni siquiera Andrea, que domina bien el inglés, lo consigue. Ya vamos un poco apurados de tiempo y decidimos montar sin más. Gracias a un joven finlandés solucionamos el problema. Al oírnos, se acerca sin ninguna timidez y nos habla en perfecto español. Apenas lleva un año de estudio, pero lo controla bastante bien, cosa que le hacemos saber. Él nos ayuda a comprar los billetes al revisor del tren.

En el aeropuerto, más de lo mismo, pasar el control y dirigirnos a la puerta de embarque. No necesitamos facturar ya que los bultos grandes se enviaron desde Kuusamo.

Y luego, a esperar...

Al llegar a España, me despido de Charo y Andrea. Excelentes compañeras de travesía. Un placer haber conocido a Andrea, puede que nos volvamos a ver en los 101 km. de Peregrinos. Y Charo, con la que seguramente pudiera compartir alguna ruta de montaña.

Ya solo me queda arrastrar mi cuerpo y los dos enormes bultos por medio Madrid. Llego con 15 minutos de antelación a coger el bus, sin tiempo para tomar nada. Como el resto del viaje, así será la vuelta a Toledo.

Mañana iré a recoger a Franki, deseoso de verme como yo a él. Y después a descansar y reponer fuerzas tras esta intenso viaje.

De nuevo en mi casa y pasados ya unos días, es hora de saborear lo vivido. Mientras veo las fotos y escribo este diario, tomo perfecta cuenta de dónde he estado y lo qué he visto y vivido. Dichoso de haberlo experimentado y con ganas de más. Ya me han puesto los dientes largos con otros viajes que realiza Tierras Polares a Groenlandia, en concreto uno mixto de trekking y kayak.

Regreso de Finlandia con la seguridad renovada en mi cuerpo, maltrecho en años oscuros y pasados. Confianza en mi estado físico para afrontar nuevos retos. Teniendo presente que mi aventura ni ha empezado ni ha terminado aquí. La montaña me espera. La naturaleza me aguarda, bien aquí, en España, o quién sabe si viajando a otros lejanos países del mundo.


 

 
M ÁS INFORMACIÓN SOBRE OULANKA.

Finlandia es un país muy llano. Su punto más alto es el Monte Halti con 1328 metros y se encuentra en el extremo norte de Laponia. Además, posee un vastísimo archipiélago compuesto de unos 190 000 lagos y aproximadamente 98.000 islas. El paisaje está cubierto de extensos bosques boreales. Una cuarta parte del territorio finés rebasa el Círculo Polar Ártico.

Las regiones del sur están cubiertas por nieve 3 o 4 meses al año, y las del norte alrededor de 7 meses. Finlandia alcanza temperaturas glaciales en invierno: en el sur bajan a −25 °C en enero y febrero, mientras que en el norte a menudo se sitúan por debajo de −40 °C. En esta época del año este territorio carece de luz solar durante la mayor parte del día. En Laponia, el sol brilla durante 73 días seguidos en verano con la llegada del Sol de Medianoche y se oculta durante 51 días en invierno.

El Parque Nacional de Oulanka -en finés: Oulangan kansallispuisto- es una reserva nacional de la Laponia finlandesa, que abarca 270 kilómetros cuadrados. El parque limita con el Parque Nacional Paanajärvi en Rusia. Los primeros habitantes de la zona fueron los sami, expulsados por los colonos fineses a finales del siglo XVII. Durante siglos, la caza, la pesca y la agricultura fueron la principal ocupación, pero actualmente la mayor actividad se debe al turismo.

El parque se abrió en 1956, aunque desde la década de 1930, la Asociación Finlandesa de Turismo mantuvo barcos en el río y renovó las cabañas de madera. Estas cabañas pueden ser utilizadas gratuitamente por cualquier excursionista en la zona. El único requisito para usarlas consiste en seguir determinadas normas de cuidado y limpieza, suministro de madera y protección de la naturaleza circundante.

El parque es un bosque boreal intacto, entre valles con bancos de arena y rápidos, muy próximo al Círculo Ártico. El Valle del Río Oulanka fue una ruta de paso para los renos. El pastoreo de renos continúa prosperando dentro del parque, aunque está restringido a los naturales de Laponia.

En el parque pueden avistarse alces y aves exóticas como el jay siberiano y los urogallos. Más raro es ver osos u otras especies en peligro de extinción como el lince y el carcayú.

Oulanka es uno de los parques nacionales más populares de Finlandia, con varias rutas de senderismo ya marcadas. También hay algunos senderos de invierno, que también se pueden explorar con esquís y raquetas de nieve. Varias áreas de camping, cabañas de madera y barcos están disponibles para el público.

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