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BARBARA DANE
La canción como instrumento de lucha social

21/04/2017

No puedo imaginar una vida sin música (J.Caro)

 
S upe por primera vez de Barbara Dane al escuchar una canción que, de inmediato, me dejó completamente enamorado de su voz y de su obra. Se trataba del maravilloso tema I´m on my way (Estoy en el camino), el clásico góspel al que ella otorga una dimensión musical llena de fuerza, ritmo y encanto. Me resulta imposible escucharla sin que mi espíritu se eleve a las alturas y los pies comiencen a moverse al compás de la música. ¡Ah, cómo suena esa trompeta! Con esta pieza Bárbara Dane regaló al mundo una verdadera obra maestra. Al menos, esa es mi opinión personal.

Ignoro si sucede igual en otras partes, pero en nuestro inculto país, Barbara Dane no goza del prestigio y reconocimiento que debería tener, y creo que hablo con cierto conocimiento de causa. Trabajé durante varios años en una tienda de música y nadie me pidió jamás ni uno solo de sus discos. Yo la conocí casualmente debido a mi afición por el soul, el blues y el góspel.

La música negra norteamericana supone una contribución de primer orden a la cultura universal. Los afroamericanos han sido los creadores de un universo sonoro de características excepcionales, que ha influido en absolutamente todos los demás géneros musicales, desde la música popular a la considerada clásica, hasta el punto de haber supuesto el origen del rock, nacido de la mezcla inevitable de dos corrientes musicales originales y poderosas por sí mismas, como era la música folk norteamericana de los blancos, al estilo country, y el rhythm and blues, la música de baile de los negros.

En este contexto de un país divido no sólo por la raza y la clase social, sino también por la música, es donde nació y se educó Barbara Dane. Los blancos, con un mayor poder económico, eran los dueños de la mayoría de las discográficas y de las emisoras de radio y televisión del país, y a través de estos medios difundían una música blanca, es decir, hecha por blancos para una audiencia blanca. El pueblo afroamericano, menos numeroso y mucho más pobre, vivía sometido por la discriminación racial en la América blanca y conservadora de los años cincuenta, con especial crudeza en los Estados sureños. Pero los negros tenían algo que no pudieron arrebatar varios siglos de esclavitud; tenían espíritu y, por tanto, tenían música, su propia y original música, en la que expresaban las alegrías, pocas, y las penas, muchas, de su alma anhelante de libertad.

Barbara Dane era una cantante especial, ya no sólo por su música, sino por su personalidad. Fue la primera mujer blanca que se atrevió a grabar con un músico negro, el reputado bluesman Lightning Hopkins, en los años sesenta. Fruto de su colaboración es el disco Sometimes I believe she loves me (A veces creo que ella me ama), grabado en 1966, y cuya portada causó problemas en la promoción del álbum debido a que, por primera vez en Estados Unidos, una cantante blanca osaba salir en la foto acompañada de un músico negro.

En la década convulsa y agitada de los sesenta, con un país sacudido por la guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles, el Mayo del 68 francés, los movimientos independentistas africanos y otras causas, Barbara se involucró de lleno en la lucha. Armada con su guitarra, cantó por un mundo mejor. Participó en numerosos conciertos al lado de intérpretes tan célebres como Joan Báez, Bob Dylan y Pete Seeger.

Barbara Dane y el periodista Irwin Silber, director de la revista musical ¡Sing Out!, fundaron el sello discográfico Paredon Records. Entre 1969 y 1980, grabaron 50 discos en los cuales trataron de fundir el arte musical y el compromiso político y social. Esta colección se encuentra actualmente disponible en el sello Smithsonian Folkways. La obra que llevaron a cabo en su pequeña discográfica ubicada en San Francisco (California) supone un patrimonio de innegable valor cultural. Paredon Records constituye un caso excepcional en la historia musical norteamericana. No sólo grabaron canciones consideradas polémicas y revolucionarias, además incluyeron discursos y escritos radicales de todo el mundo. Los discos publicados pretendían representar a los movimientos populares más activos de aquella época.


 

 
B arbara Dane nació en 1927 en Detroit, la ciudad del automóvil. Aunque nacida en el Estado de Michigan, sus padres procedían de Arkansas. Durante los años de la Gran Depresión, las huelgas obreras cobraron un renovado auge en las fábricas de todo el país. La música jugaba un papel relevante en las reivindicaciones sindicales, con canciones que se hicieron enormemente famosas como The Fisher Strike (La huelga de los obreros de Fisher), ¡Oh, míster Sloan, sit down! (¡Oh, señor Sloan, siéntese!) y On the picket line (En el piquete), que se cantaban durante las manifestaciones.

Barbara mostró un activo compromiso social desde muy joven. Comenzó cantando en actos culturales y sindicales. En 1946, con 19 años, actuó como telonera de Pete Seeger cuando éste acudió a Detroit para tocar en el local del sindicato. Siendo adolescente ya era miembro de People´s song (Canción del pueblo), una organización de izquierdas que utilizaba la música “como grito de guerra por los derechos de los trabajadores, los derechos civiles y la libertad”. Con 20 años, en 1947, participó en el Festival Juvenil Mundial de Praga, un encuentro internacional de jóvenes músicos.

Barbara y su primer marido, el cantante y sindicalista Rolf Cahn, interpretaban temas reivindicativos en las concentraciones y piquetes del sindicato United Auto Workers (Trabajadores Unidos del Automóvil) durante el enfrentamiento con la compañía Chrysler ocurrido en 1948. Ese mismo año, prestó su apoyo a Henry Wallace, candidato del Partido Progresista a la presidencia del gobierno.

El Frente Popular español era un movimiento aglutinante de partidos y sindicatos de izquierda que traspasó fronteras y llevó su influencia a otros países. Estados Unidos no resultó ajeno a este influjo, principalmente a través del Partido Comunista, que había cobrado relevancia durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la URSS combatió junto a los aliados, pero al finalizar la contienda fue perdiendo fuerza. Barbara estuvo vinculada a los comunistas americanos hasta 1950, año en que abandona tanto el partido como la ciudad industrial de Detroit. Se muda a San Francisco, una de las urbes más cultas y liberales del país.

En la ciudad californiana, comenzó a cantar folk, blues y jazz en la radio, la televisión y los clubes nocturnos, haciendo sus primeras versiones de temas clásicos. Barbara se sentía atraída por la música negra, en especial por el blues, “porque habla de corazón a corazón. El blues nació en medio de las peores condiciones que una persona pueda imponerle a otra, ya sea la esclavitud o la explotación, y se dio a conocer al mundo con el espíritu de convertir la locura en corazón, el dolor en alegría, la esclavitud en libertad y la enemistad en comunión. Es música para supervivientes y este espíritu es algo de lo que hay que aprender, para compartirlo y divulgarlo tanto como se pueda. No importa lo que digan las palabras, no importa a quién canto, lo que importa es la esencia de lo que canto”.

En 1961, Barbara abrió su propio club, Sugar Hill: Home of the Blues (Sugar Hill: La Casa del Blues). Barbara pretendía sacar este estilo musical de los locales para negros y darlo a conocer a un público más amplio de raza blanca. En su club actuaron algunos de los mayores talentos de la música negra americana, como Big Mama Thornton, Lightnin´Hopkins, T-Bone Walker, Brownie McGhee y Sonny Terry, entre otros muchos.

Pero su voz no quedó confinada a su local. Barbara siguió cantando por todo el mundo. Con su voz y su guitarra continuó haciendo música con un fuerte compromiso social durante los años sesenta y setenta. Cantó por los derechos civiles, cantó en las manifestaciones pacifistas contrarias a la guerra de Vietnam, cantó por todo el país y llevó su canto ante las puertas cerradas de las bases norteamericanas repartidas por el mundo.

En l966, Barbara se convirtió en el primer músico estadounidense en viajar a la Cuba revolucionaria. Y un año después, asistió al Encuentro de la Canción Protesta organizado por el gobierno comunista cubano en la playa de Varadero, un evento que reunió a 50 músicos de diferentes países. España estuvo representada por el cantautor catalán Raimon.

La revolución cubana, pese al enconado enfrentamiento con el gobierno norteamericano, contaba en EE.UU. con defensores de uno de los acontecimientos históricos más relevantes y decisivos del siglo XX, y Barbara fue una de las figuras públicas que más decididamente demostró su apoyo.

Esta y otras acciones, la situaron en el punto de mira de la industria discográfica estadounidense. No cabe duda de que su compromiso político perjudicó seriamente su carrera musical. Las grandes compañías no querían saber nada de una artista que cantaba sobre asuntos candentes y de actualidad, que defendía los derechos humanos en sus canciones y que se posicionaba claramente a favor de los movimientos populares, los sindicatos y la revolución mundial. Barbara resultaba demasiado explosiva para el conservador público americano, acostumbrado por la radio, la televisión y el cine a una música sin mayor calado ni trascendencia.

Todo ello contribuyó a que sus posibilidades económicas se vieran muy limitadas. Prueba de su inquebrantable compromiso fue dedicar el sello Paredon a esta clase de música, a sabiendas incluso de que su éxito sería minoritario, pero tanto ella como su socio nunca consideraron a la discográfica como una compañía comercial. Sin colaboración externa de nadie, los discos de Paredon no se encontraban a la venta en la mayoría de tiendas del país, sino que eran distribuidos en librerías alternativas.

Barbara estuvo bajo vigilancia del FBI. Como los que en aquella época se dedicaban a cuestiones sindicales, sociales o simplemente en defensa de los derechos humanos y civiles, todos sufrieron el acoso del gobierno en un programa secreto a escala nacional denominado COINTELPRO. Los miembros de los grupos de la contracultura, como los afroamericanos del Partido de las Panteras Negras, los chicanos, los indios nativos, los hippies, los estudiantes y las feministas, los partidarios de izquierdas y los sindicalistas más radicales, durante años fueron perseguidos, encarcelados, despedidos de sus empleos y hostigados de mil maneras diferentes con el objetivo de obligarles a dejar la lucha y hundir sus organizaciones.

Barbara publicó con el sello Paredon 50 discos de “canciones, música, poesía, discursos, documentos de clase, lucha, liberación nacional, emancipación de la mujer y derechos democráticos”. Las grabaciones no incluían solamente música, sino textos de protesta y en defensa de los movimientos independentistas del Tercer Mundo. Editó los discursos de Huey Newton, líder de los Panteras Negras (Huey Newton Speaks), de Fidel Castro y el Che Guevara (Che Guevara Speaks). Dio a conocer a los músicos cubanos Pablo Milanés y Silvio Rodríguez al público americano. Al compositor griego Mikis Theodorakis, encarcelado y torturado por la dictadura, quien puso música a los poemas épicos sobre la resistencia griega frente a la tiranía de los generales. Paredon recordaba que la lucha no era privativa de ninguna parte del mundo, sino que se extendía por todos los países del planeta, y que unas luchas y otras se influían y condicionaban necesariamente.

The Black Panther (tema del cantautor y activista Len Chandler)

Oveja negra en el campo.

Oveja negra en la ciudad.

La oveja negra no puede sobrevivir

con tantos lobos por ahí.

Tienes que andar con la Pantera Negra.

Es todo lo que tienes que hacer,

pues si caminas con el gran gato negro

ningún lobo se atreverá a perseguirte.

Paredon no era una simple compañía discográfica, sino que participaba en las luchas de liberación que se producían en el mundo. Con el disco titulado Canciones de resistencia, no sólo daban a conocer la música chilena de protesta, además denunciaban las atrocidades del dictador Pinochet en Chile tras el golpe militar que acabó con la democracia y la vida de Salvador Allende, el presidente socialista elegido en unas elecciones libres.

Irwin Silber dijo en una entrevista:

Puede ser que los artistas no hagan la revolución, aunque pueden expresar un sentimiento revolucionario que ya existe. No creo que una canción pueda llevar a alguien a luchar o a cometer un acto radical, pero sí puede inspirar a aquellos que ya tienen ciertas ideas, puede imbuir un sentido de unidad y puede, especialmente entre la gente que es incapaz de expresar lo que siente, ayudarlos a expresar sus ideas”.

Al mismo tiempo que mantenía estas actividades, Barbara no abandonó sus giras por todo el planeta, dando a conocer en el extranjero los géneros musicales tradicionales norteamericanos como el folk y el blues.

El 1991, Barbara e Irwin Silber donaron el fondo de catálogo de Paredon Records a la institución Smithsonian, con el fin de preservar este legado cultural para las nuevas generaciones.

La obra de Barbara Dane es un fiel reflejo de su propia convicción acerca del papel del artista en la sociedad de su tiempo, en el que arte y lucha política están íntimamente ligados en una “batalla continua sin fin”, como dijo el poeta Walter Lowenfels.

Barbara aseguró en una entrevista que “La forma elegida por el artista sólo es importante en la medida en que es apropiada para comunicarse. El artista es el único que conoce cuál es la mejor forma en ese momento. El trabajo del poeta no es para complacer, sino para ayudarnos a comprender lo que estamos viviendo, y ayudarnos a sobrevivir por el simple hecho de que alguien nos ha entendido. El trabajo del poeta no consiste en especificar lo que es la belleza, sino en dejarnos lo suficientemente hambrientos como para crearla para nosotros mismos”.

Barbara Dane no se ha retirado. A pesar de su avanzada edad, sigue activa y con el mismo entusiasmo y dedicación de siempre. Con 73 años participó en un acto en California a favor de los empleados despedidos por la emisora de radio pública KPFA y la libertad de expresión de sus locutores. Y eso no es todo, en 2016, con 89 años, grabó un disco con la pianista Tammy Hall.

Continúa en la brecha con sus canciones, que conservan intacto el poder de convicción y el ritmo poderoso de la música auténtica, la que es capaz de conmover el corazón y el alma de la gente. Porque si de algo estoy seguro es de que las canciones de Barbara Dane, cuando pase el tiempo y todos seamos polvo y olvido, seguirán tan vivas como siempre.

BIBLIOGRAFIA ESENCIAL:

-BARBARA DANE, La resistencia hecha canción – David Shea

(Servicio de Publicaciones de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 2006).

El libro de un norteamericano, afincado en España y gran aficionado a la música, como no podía ser menos, que no sólo nos retrata a Barbara Dane de forma fiel, también hace un relato ameno e interesante de músicos norteamericanos como Woody Guthrie, Peete Seeger o Paul Robeson, entre otros muchos, que hicieron de su música un instrumento de protesta social. Un pequeño gran libro que recomiendo a los amantes de la música.

DISCOGRAFIA:

-Trouble in mind (San Francisco Records, 1957)

-A night at the ash grove ‎ (World Pacific, 1958)

-Livin' with the blues (Dot Records, 1959)

-On my way (Capitol Records, 1962)

-When I was a young girl (Horizon Records, 1962)

-Sings the blues (Folkways Records, 1964)

-Barbara Dane and The Chambers Brothers (Folkways Records, 1966) -FTA! Songs of the GI resistance ‎ (Paredon, 1970)

-I hate the capitalist system (Paredon, 1973)

-Folklore internacional U.S.A. ‎ (Alamo, 1974)

-When we make it through ‎ (Paredon, 1982)

-Sometimes I believe she loves me ‎ (Arhoolie Records, 1996)

-Barbara Dane with Tammy Hall ‎ (Dreadnaught Music, 2016)

1 Comment

  1. Jesús dice:

    Gracias por compartir este regalo en forma de artículo.
    La conozco gracias a ti y ya me habías hablado de su preocupación por los más desfavorecidos y por la lucha social eterna en este jodido mundo que refleja en sus canciones.
    Me apunto el libro para leerlo. Y cuando la escuche, que seguro que ahora que me la has recordado de nuevo, lo haré, lo veré de otra forma.
    Gran artículo.

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